-Creo que eso debería preguntártelo yo a ti-contestó Ryan sumamente divertido.-Esta es mi casa.
-¡Ryan!-Susan se levantó del sofá y salió corriendo a por su hermano, que la alzó en el aire. Ahora recordaba por qué Susan la había parecido tan familia. Era clavadita a su hermano.
-Estoy haciendo de canguro-contestó Annie.-Aunque ese debería ser tu trabajo como hermano mayor, ¿no?
-Normalmente sí, pero hoy tenía que trabajar-dijo Ryan con una mueca.-Aunque ya no importa: lo he dejado.
Se dirigió al sofá de la mano de su hermana pequeña, que no paraba de señalarle la pantalla de la televisión. Se sentó al lado de Annie, pasándola un brazo por los hombros con absoluta confianza. Annie se lo apartó y se lo puso en su pierna.
-No te olvides que intentaste robarme-le recuerda en un susurro. Ryan solo se rie. Annie decide cambiar de tema para no recordar como Sam huyó.- ¿En qué trabajabas?
-Era mecánico en un taller- la contestó mientras iba a por una manzana a la cocina.
-¿Y por qué lo dejaste?-le preguntó cuando volvió, dándole mordiscos a la fruta.
-El jefe era un capullo, el salario una mierda y los horarios me mataban. No merecía la pena ni para alguien en mi situación.-dijo tirándose en el sofá.-¿Tú trabajas todas las noches de canguro?
-No, solo hasta que encuentre un trabajo más estable.
Asintió y Annie se dió cuenta de que ya no era necesario su papel de canguro ahora que él estaba ahí. Se levantó del sofá para irse y agarró el bolso.
-¿Te vas?-la preguntó.
-Me han contratada porque tú no estabas. Ahora que has vuelto ya no soy necesaria.
Se empezó a reir suavemente y la detuvo en el umbral antes de que saliese por la puerta o la abriese siquiera.
-En realidad mi madre no se fía de mí y contrata canguros aunque yo pueda cuidar de Susan-la confesó con otro mordisco a la manzana.-Quédate-la pidió.
Annie aceptó y volvió a sentarse en el sofá, al lado de Ryan, que empezó a jugar con su pelo, distraido. Annie se puso tensa, pero no dijo nada.
-¿Por dónde anda tu novio?-se burló. Ya volvía el Ryan que Annie conocía: el cabrón.
-Ni lo sé ni me mantiene en vela por las noches-se bufó ella.
-¿Habéis cortado?-dijo Ryan aún más divertido.
-No he vuelto a hablar con él desde hace semanas-zanjó ella el tema.
-Ryan, tengo hambre-dijo Susan, acariciándose la tripa. Seguía con la muñeca en la mano, agarrándola con fuerza.
Ryan la cogió en brazos y se la llevó a la cocina.
-Annie, espero que sepas cocinar-la gritó él desde la nevera. Annie fue a la cocina y se encontró a Susan que miraba con asco una bandeja de pescado crudo. Esa debía de ser la comida que había dejado su madre.
Annie preparó salsa y metió el pescado en el horno hasta que se puso dorado. Preparó también unos spaguettis con nata, jamón y champiñones que se comieron entre los tres y una jarra de limonada.
Comieron todos en el salón viendo la televisión, mientras acababan de ver la Cenicienta. Cuando Susan acabó la cena se quedó dormida en el sofá, entre Ryan y Annie.
Ryan la agarró en brazos y la llevó a su habitación para que descansase. Luego volvió al lado de Annie en el sofá.
-Yo me tengo que ir ya-dijo Annie. Pero Ryan la agarró del brazo y la miró a los ojos. Parecía que la iba a decir algo importante, pero solo dijo:
-Te acompaño a casa.
-Tienes que quedarte con Susan-le recordó ella. Pero unas oportunas llaves en la puerta la avisaron de que su madre había vuelto y ninguno de ellos era necesario ya allí.
Annie cogió el dinero, se despidió de la madre de Ryan y Susan, que la agradeció todo el trabajo, y salió por la puerta acompañada de su atracador, hacia el paseo más interesante de toda su vida.
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