-No sé si dejar que me acompañes-le confesó Annie según salieron por la puerta.
-¿Por qué no?-preguntó Ryan divertido.
-Me pusiste una navaja en la espalda-le recordó.
-No sabía que eras tú.-Se encogió de hombros y empezó a bajar las escaleras sin importarle el permiso de Annie, que acabó siguiéndole.-Sigo sin saber qué hacías fingiendo ser una niña rica.
-Estaba en casa de una amiga. Sé que pensarás que esa gente pija no es de fiar, pero esta es realmente legal-le aclaró.
-No pienso eso-contestó Ryan.-Creo que hay gente buena y gente mala, igual que aquí. Y en las dos abunda la mala.
-No es bueno verlo todo en blanco y negro-dijo Annie.
-Es la única manera de ver las cosas en este sitio-dijo Ryan con indiferencia.
Salieron a la calle y se encontraron con una chica en la esquina. Una pobre muchacha de no más de 16 años que no la había quedado más remedio que venderse para poder sacar algo de dinero. Se sacó una bolsa llena de polvos del sujetador y se puso a esnifar en plena calle. Tenía el moño despeinado y enredado, de un artificial color rubio. Las uñas sucias y mugrientas se rascaban unos ojos llenos de ojeras, y su apretada camiseta no llegaba a cubrir los morados con los que el chulo la había pagado.
Annie evitó mirarla, pensando en que ella misma podría haber acabado así. No eran pocas las mujeres de su barrio a las que no les quedaba otro camino.
-Dices que tu amiga rica es buena persona, pero te estabas intentando emborrachar en su habitación-empezó a hablar de nuevo Ryan, intentando desviar la atención de Annie de la chica de la esquina.
-Ella es genial, pero la gente con la que se mueve es...-la defiende ella.
-¿Consentida?-la ayudó Ryan. Annie asintió
-Y mimada, hipócrita, caprichosa, falsa y snob-completó Annie.
-Supongo que eso les diferencia de nosotros. No nos podemos permitir ser mimados, caprichosos o consentidos-reflexionó Ryan.
-Es lo que tiene tener que trabajar. Llevamos una vida dura que muchas veces nos coloca al borde de todo. Pero el truco está en volver al camino-dijo Annie. A pesar de haber estado recelosa al principio, Ryan había resultado ser incluso buena persona, incluso aunque a veces era bastante irritante.
-No es fácil-susurra él, alborotándose el pelo con desesperación.
-¿Lo dices por tus sucias maneras de conseguir dinero?-le preguntó
-Lo digo por todas las vidas que he visto destrozadas-la respondió.
-Al menos cuentas con una familia para volver al buen camino-susurró Annie con amargura.
-Una madre que se mata a trabajar, una hermana a la que no puedo conseguir ni un mísero muñeco y un padre cabrón.
¿Padre? Annie se sorprendió
-Pensé que tu padre no vivía con vosotros.
-Y no lo hace-la confirmó Ryan.-Vive en una lujosa mansión en Bel-Air matándose a fiestas, coches caros y putas. Hace años que no le vemos y ni siquiera es capaz de mandar algo de dinero. Pero es mejor así. Dudo que sobreviviese si se le ocurre volver. No soy el único que le tiene ganas.
Caminaron un rato en silencio. Lo cierto es que Annie pensaba que su padre había muerto o, por lo menos, que sus padres estaban divorciados. ¿Es que no hay ni un maldito padre normal?, se preguntó Annie.
-¿Qué hay de tu familia?-la preguntó, rellenando el silencio. Ella soltó un suspiro lleno de amargura y dijo:
-Mi madre es alcohólica y la mitad de los días no recuerda ni mi nombre. Mi padre era un drogadicto vagabundo que nos abandonó un día sin más.
Ryan no dijo nada. Y, antes de darse cuenta, ya estaban en casa de Annie. Se despidieron y ella subió las escaleras hasta su casa. Su madre seguía en rehabilitación, así que Annie tenía la casa para ella sola. En el teléfono tenía siete mensajes de Sam, que la suplicaba que le perdonase.
Annie fue a cambiarse mientras escuchaba la voz gimoteante de su novio de fondo. No encontraba su camiseta de los Ramones así que fue a mirar al armario de su madre.
Mientras rebuscaba entre la ropa un sonido de cristal chocando contra madera la llamó la atención. Miró al suelo y se encontró una botella de vodka medio vacía escondida entre las camisetas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario