miércoles, 4 de mayo de 2011

Capítulo 4. Hermana.

Volvieron al final a casa de Elisabeth como si se hubiesen tirado a una piscina con la ropa puesta. Lola puso a secar su ropa y Elisabeth tuvo que dejarle alguna prenda a Annie.
-Elije- la ofreció, abriendo su armario.
-¡Madre mía!- exclamó Annie entre risas.- ¡Eres la tia más pija que he conocido en mi vida!-Tocó toda su ropa, muerta de la risa.- ¿No tienes ningunos vaqueros rotos y una camiseta vieja?
Cuando Elisabeth negó con la cabeza, Annie decidió que eso iba a cambiar. Sacó unos vaqueros del armario, cojió unas tijeras y empezó a cortarlos bajo la horrorizada mirada de Elisabeth. Hizo lo mismo con una camiseta negra, hasta dejarla más corta y con el cuello más ancho.
-Bienvenida a la imperfección- la dijo enseñándola como había quedado la ropa, orgullosa.
-Mis padres me cortarán la cabeza- dijo mientras negaba con la cabeza y se echaba a reir.
Cuando estuvieron vestidas las dos con ropas "tipo Annie", se tiraron en una silla una, y la otra en la cama a hablar.
-Elisabeth... Es un nombre muy serio, ¿no crees?
-Solo los adultos me llaman Elisabeth, mi novio me llama Lizzie.
-Te voy a llamar Liz- sentenció Annie.-¿Cómo se llama tu novio?
-Michael- dijo con una sonrisa tonta.
-Oh Dios Mio, ¡estás enamorada!- se rió. Elisabeth se limitó a soltar un suspiro soñador.-¿Cuánto lleváis?
-Un año. Un delicioso año con el hombre más guapo, inteligente y divertido de este mundo.
-¿Cuándo le conoceré?- bromeó Annie.
-Mañana.
-¿Mañana?- alzó las cejas.
-Doy una pequeña fiesta en el jardín y sería un placer que vinieras- sonrió Elisabeth.
-No creo que encaje- dijo Annie con una mueca.
-¿Es que quieres que me maten?- la suplicó Elisabeth con desesperación.
-No te van a matar.
-Si no vienes tú moriré de aburrimiento.
Insistió tanto que Annie acabó prometiéndola que volvería al día siguiente.
Se quedaron un rato en silencio. Liz deseaba preguntarla si era feliz, como vivía, como era su familia. Pero la mirada de Annie se llenaba de frustración, pena y un poco de enfado cuando se sacaba ese tema. Al final decidió preguntárselo.
-¿Y cómo es tu vida?-lo susurró muy bajito y Annie no la miró, pero supo que la había oido.-Me refiero a cómo es ser libre- intentó arreglarlo mirando el lado positivo.
Annie siguió sin mirarla, pero al final dijo, tan bajito que Liz pensó que lo había imaginado:
-Una mierda. La felicidad no sirve de nada si es la única opción que tienes. ¿Quién me iba a decir nada?-preguntó en voz alta con amargura.- Mi padre era un maldito cobarde que se dió por vencido antes incluso de empezar. Mi madre es solo otra alcohólica de muchas otras en el barrio, que solo finge preocuparse por mí.
-¿Eres hija única?-preguntó. Annie asintió.- Ya no.-Por fin la miró, con un interrogante pintado en el rostro. Liz solo pudo componer una sonrisa.-A partir de ahora yo soy tu hermana.
Annie solo pudo echarse a reir, ahuyentando la sombra que había oscurecido su mirada segundos antes.
-Mi hermana es una pija rica-dijo como si no lo creyese. Se encogió de hombros.-¡Me encanta!
-Siempre he querido tener una hermana-dijo Elisabeth. Annie la miró y se acercó a darla un abrazo. Era la primera muestra de afecto que la había visto realizar desde que había llegado, pero la sentó realmente bien. Comprendió que los prejuicios y recelos de Annie hacia los ricos se habían esfumado, y había comprendido que había excepciones.
Se despidió esa tarde de Annie con la esperanza de que cumpliese su promesa y la volviese a ver al día siguiente.

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